viernes, 4 de noviembre de 2016

Tres Tristes Tigres


Y ante sus ojos se extendían campos infinitos, bañados en un brillo dorado difícil de describir.
Campos secos, en apariencia yermos, donde contra todo pronóstico cada año emergía, desafiante, la cosecha.
Tierras donde el polvo formaba tornados que en su centro guardaban poemas.
Tierras que un día albergaron gigantes.
Casi podía verlos: emergiendo del suelo, con brazos de piedra que atravesaban toda la corteza terrestre. Portaban sobre sus espaldas los pocos cipreses que crecían al amparo de los arroyos, y sus voces resonaban a catástrofes y terremotos.
Gigantes de piedras con pieles de trigo, alzándose como montañas en medio de la llanura.
Avanzaban arrastrando a su paso los cables de alta tensión, tirando las torres de metal como si fuesen sólo mosquitos metalizados.
Los coches se detenían unos segundos en claro manifiesto de la incredulidad de sus conductores, para instantes después arrancar en dirección contraria, huyendo de las gigantescas criaturas.
O al menos eso intentaban.
¿Pero quién va a poder huir cuando la tierra se alce?

Quizás, después de todo, no fuesen molinos.

martes, 1 de noviembre de 2016

Once upon a night

No hace falta que hables.
Ya sé quién eres,
ya sé cómo eres.
Una vez soñé contigo.
¿Qué se hace cuando ya no tienes energía suficiente para desear morirte?
¿Soy más que algo?
Ojalá no exista el alma.

jueves, 20 de octubre de 2016

Tras el cristal

Todo estaba ardiendo, y no sabía qué hacer, así que me senté ahí mismo a mirar.
Observé las llamas durante mucho rato. Una cosa curiosa, el fuego. Tiene ese atractivo irresistible de las cosas que te pueden destruir, como la muerte, como el mar.
Y esa manera de moverse...
Las llamas se lo comían todo, sin excepción. Ese es el tipo de cosas que hace el fuego.
Y yo seguía allí sentada, mirando cómo todo caía, calcinado.
Era una de esas ocasiones en las que lo apropiado parece ser simplemente observar, mientras das caladas lentas a un cigarrillo.
Yo no fumo, pero aún así, miré.
Supongo que esperaba que ocurriese algo -que una súbita tormenta apagase el incendio, que las llamas consumiesen todo y, finalmente, desapareciesen, dejando sólo un montón de brasas doradas. Pero no ocurrió.
Es lo que tiene la vida, que nunca pasa nada.

domingo, 16 de octubre de 2016

Me dijo que se perdía en el verde de mis ojos
Y yo sólo me pierdo en el azul del mar.

domingo, 25 de septiembre de 2016

Bang bang

Y, en un intento desesperado
de no destruirme a mí misma

destruyo todo cuanto me toca.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Lo siento

¿Qué se siente
al no estar completamente
irremediablemente
solo?

Ojalá se sienta menos vacío.
Ojalá haya menos fuego frío a tu alrededor.

Ojalá la gente a la que quiero
jamás se sienta así.

Going down

Sé que esto no es el infierno
porque no estoy sentada en un trono

jueves, 22 de septiembre de 2016

Anotaciones a pie de página

[Aquí va la parte interesante]

[Aquí va la magia]

[Y ahora, hablo yo]

Quisiera que volvieses para mí, sólo para mí
Te quiero de forma egoísta.
Quiero poder hablarte de lo sola que estoy cuando estoy rodeada de gente.
De mis problemas con el alcohol.
De lo mucho que echo de menos a mis amigos. Cada día; cada hora.
De ese profesor tan raro al que le falta un pedazo de nariz.
De las ganas que tengo de enamorarme.
Del mar.
Lo que más me duele de quererte es no poder hablarte.
Lo que más me duele es la envidia
porque yo no tengo a quién contárselo
pero tú sí tienes quién te lo cuente.

[Y así, el final; que como siempre, decepciona]

miércoles, 21 de septiembre de 2016

domingo, 11 de septiembre de 2016

Acknowleged

Aquí arriba está todo tan oscuro...
¿Arriba?
Cada vez me cuesta más respirar.

¿Cuándo perdí la conexión?
Hace tres días. No, seis meses. Cinco minutos.
Es difícil saberlo, ya no tengo ninguna referencia
Quizás esté detenida en el tiempo, y por eso no hay nada
Si el tiempo tuvo un comienzo, puede que tenga un final
puede que ahí sea donde estoy: más allá del tiempo
¿Seguirá existiendo el tiempo ahí fuera? ¿Seguirán todos con sus vidas?
Habrá gente por las calles. Escaparates, luces, sonidos.
O puede que no, puede que haya llegado el fin del tiempo para todos, de golpe.
¡PUF! Y de pronto los coches se paran, y los niños no lloran, y los perros ya no ladran...
Aquí, el silencio es lo normal. Es lo único que hay.
Pero allí abajo...
¿Abajo? No, detrás. ¿O era delante? En casa.
¿Les habrá vuelto locos el silencio?
Aquí no hay pájaros, ni golpes, ni pasos. A veces, cuando siento que me pierdo, escucho mi respiración.
Uno, dos. Uno, dos.
A veces tarda, pero siempre me trae de vuelta a casa.
¿A casa? No, a casa no. Aquí arriba. ¿O estaba abajo? Creo que estaba aquí, justo a mi lado, más allá del final del tiempo.
Ojalá pudiese hablarles, decirles que no tengan miedo al silencio
No hay que tenerle miedo.
No hay que tenerle miedo.
No hay que tenerle miedo.
Que se escuchen respirar. Tiene que se maravilloso el oír millones de respiraciones, todas a la vez.
Oír algo.
Uno, dos.

Aquí todo está tan vacío...
Y cada vez me cuesta más respirar.

Uno, dos.
¿Hay alguien ahí abajo?
Uno, dos.
¿Abajo?

Creo que he perdido la conexión.

martes, 30 de agosto de 2016

#0

Quisiera ser lava
Ira fluida
La capacidad lenta de destrucción
Vivir bajo la superficie
Arder.

Pero sólo soy hielo de otoño
Una capa fina y quebradiza de frío sobre agua negra

Y me ahogo en un vaso de agua.

jueves, 9 de junio de 2016

Paciencia


"¿Qué queda después de las flores?"

                 ¿Después de las flores? No queda nada.

"¿Cómo puede no quedar nada? ¿A dónde van todas las cosas? ¿Dónde van el mirlo y la aurora, las canciones y los ríos, las lágrimas, los besos, la noche...?"

                 No van a ningún sitio, pero no se quedan. Dejan de estar. Porque ¿cómo iban a
                 estar los ríos, las canciones, los mirlos y los besos? ¿Qué sentido tendrían las
                 lágrimas tras desaparecer las flores?

"¿Pero cómo pueden dejar de existir? Si son tan reales... ¿Cómo van a dejar de estar si puedes verlos y tocarlos y sentirlos?"

                 Todas las cosas dejan de ser. Incluso el frío deja de ser cuando nadie puede
                 sentirlo, y sólo queda su recuerdo guardado en el próximo invierno. Pero hay
                 cosas que dejan de ser cuando aún puedes tocarlas y sentirlas. Hay besos que
                 mueren antes de ser dados, canciones que nunca serán escuchadas y amores que
                 desaparecen antes de haber empezado. ¿Acaso un mirlo al morir, sigue siendo
                 el mismo ser que cuando estaba vivo?
                 Tras las flores no queda nada. Todas las cosas que puede que hayan sido y todas
                 las que serán, hasta las cosas que no son, dejan de ser.

"¿Y si el mirlo muere cuando aún hay flores?"

                 Entonces espera con paciencia al final. Los mirlos muertos nunca tienen prisa.


miércoles, 25 de mayo de 2016

Pew pew pew

Hablo más de lo que debo.
Y acabo diciendo demasiadas verdades.

Hablo más de lo que debo.
Y todo lo que digo es mentira.

Hablo más de lo que debo, porque hablo en acotaciones. Ahora, vivo entre bastidores.
No tengo ni puta idea de teatro, aunque no salga de él.
Ahora no como.
Ahora no duermo.
Ahora sólo sueño.
Que no me toque la luz del sol.

Un final de esos que hacen que nadie sepa muy bien cuando empezar a aplaudir.

Ahora me disuelvo.

Cuando estoy triste no sé escribir cosas coherentes.
Cuando no estoy triste, no sé escribir.

Un,
dos,
tres.

Ahora, aplaudid.

sábado, 27 de febrero de 2016

Neutrinos

Decía que brillaba con luz propia.
Pero era sólo la fisión nuclear.


Una supernova a punto de convertirse en un agujero negro, de destruir galaxias, de absorber la luz.


¿Cuándo dejé de quererte?
No sé si hace un año, hoy, o dentro de un mes.
¿Cuándo te perdí?
Ojalá recordara dónde te puse.
En un pedestal. En un puto pedestal.
Por eso te caíste.


Pero todo eso da igual, porque aún hoy tengo que luchar y repetirme una y otra vez que no fue mi culpa, que no es que yo no fuese suficientemente buena, suficientemente guapa, suficientemente feliz.
Y seguiré repitiéndomelo, a ver si algún día me lo consigo creer.


He luchado contra más cosas de las que recuerdo, y a ti, sigo sin poderte ganar.
Te odio.
Te quiero. 
Te quise.

Te echo de menos.



domingo, 7 de febrero de 2016

Nada

Eso es lo que queda:
no hay ningún aplauso
no hay una gran ovación final.

Cuando todo acaba, sólo hay silencio.

¿Qué otra cosa podría ser?

domingo, 31 de enero de 2016

Inútil

Ojalá escribiese poesía.
Ojalá supiese escribir poesía.
Ojalá pudiese escribir poesía.

No necesariamente buena, ni necesariamente correcta.
No necesariamente escrita-
       -porque no toda la poesía se escribe.
Hay poesías que son fotografías, dibujos, cuadros, bailes, películas, música.
Hay poesías que son miradas, o abrazos, o un adiós.

El sentimiento irrefrenable, más fuerte que la voluntad.
La idea que desgarra.
Como escupir sangre. Empezar a gritar.

Ojalá volviese a escribir poesía.

domingo, 24 de enero de 2016

¿A dónde fue mi gato?

Le conocí en un mal momento, aunque fuese el momento indicado. Yo no quería conocerlo, no quería hablar con él -no quería hablar con nadie.
Pero a ciertas personas, me acerco como una polilla a la luz; no puedo evitarlo, brillan tanto que olvido pensar y sólo puedo acercarme a ellas, darme cabezazos contra la lámpara una y otra vez. Hasta que caigo al suelo chamuscada. O la luz se apaga.
Y él brillaba tanto que costaba saber de dónde venía la luz. Era un sol de mediodía en un desierto de sal.

Él mundo es un lugar horrible, él siempre lo supo, no era ningún idiota, pero hasta las cosas más feas, con la luz adecuada, son arte. Eso hacía él: no hacía desaparecer lo malo, no lo ocultaba, te lo enseñaba bajo una nueva luz, hasta que te dabas cuenta de lo jodidamente bonito que era. Y pensabas que siempre había sido así, sólo que tú no habías sabido verlo.

Era mentira.

Como polilla, soy un ser bastante persistente. Como polilla, esperé hasta que la luz se marchó -a donde sea que se marchan las luces cuando no podemos verlas.
Y cuando la luz hubo desaparecido, el mundo halló una nueva dimensión de formas horribles.

Yo sabía que allí había belleza -que una vez la hubo-, que únicamente dependía de la luz con la que lo vieses.
Como ese montón de ropa sobre la silla que, a oscuras, parece ocultar a un asesino.
Sabía que podía ser bonito.
Pero ya no me importaba.
Como cuando, pese a saber que es un montón de ropa, enciendes la luz, con la firme esperanza de que realmente no haya ningún asesino acechando entre tus camisetas sucias.

Las polillas no pueden pulsar interruptores.