domingo, 23 de septiembre de 2012

Can you try?

Quizás sea demasiado suponer que sólo por no estar muertos, estamos vivos.

...Yo sólo quería poder soñarlo; ni siquiera tenía que vivirlo. Pero el mundo no funciona así.
Olvidar las sonrisas y pintarse la cara con mentiras. Dejar de confiar.
Sobrevivir.

Supongo que parece más sencillo de lo que es.

jueves, 9 de agosto de 2012

¿Fumas?


Ella se sienta ante el cielo rojizo. Abre el paquete de cigarrillos y hace con el plástico transparente una bola que va a parar al suelo, casi rozando la papelera. Saca un cigarrillo y lo enciende, como ha visto hacer mil veces. Tose una vez. Dos.
«Tampoco es tan difícil».
Espira con fuerza hasta que todo el humo ha salido de su cuerpo. Aspira de nuevo a través del cigarrillo y vuelve a toser; esta vez deja al humo salir lentamente, mientras su brazo, apoyado en las rodillas, adquiere la pose de cansancio de quien ha llevado un peso a la espalda durante mucho tiempo, con la única recompensa de un tenso dolor entre los riñones.
Dos caladas después, el chico sin sombra aparece a su lado.
‒ Pensaba que no fumabas.
‒ No fumo ‒, afirma ella mientras el humo pálido se escapa entre sus labios.
Él se sienta a su lado. Muy cerca. Muy lejos.
‒ ¿Va todo bien?
‒ ¿Sabes? En realidad me gusta tener que venir a clase de nuevo. Es como volver a casa después de mucho tiempo.
Una sonrisa sin sombra que sólo ve de reojo.
Ella le tiende el cigarro, ofreciéndoselo, esperando sólo a que él lo rechace, y cuando lo hace, tira el resto –el cigarrillo apenas estrenado‒ a la acera ante ellos.
‒ Odio el tabaco ‒, dice entre dientes mientras se ensaña en aplastarlo. No es necesario: ambos lo saben.
‒ Vamos a casa ‒, sonríe el chico sin sombra.
Y ella le sigue de nuevo a clase, olvidando sobre la acera un paquete de tabaco apenas abierto.

El chico sin sombra se sienta a su lado. Raro. Por gestos le pide que le deje su antebrazo para escribir algo, y eso lo explica todo.
Ella asiente con la cabeza y le pide el antebrazo a él:
«GRACIAS».
A su derecha, el chico de fuego, el que sí tiene sombra, observa la escena extrañado. Raro.  Y mientras comienza la clase, le pide ver su antebrazo.
‒ ¿Su número de teléfono?
Ella asiente con la cabeza, sin evitar levantar una ceja como muestra de lo obvio de la respuesta.
‒ Creía que ya lo tenías.
Y ella aparta al fin la mirada del profesor, para dirigirla a su derecha.
‒ Por supuesto que lo tenía ‒, aparta la mirada.
Obvio.


viernes, 6 de julio de 2012

Feedback

Simbiosis, pensaba.
Pero no. Soy más como uno de esos peces que en algún momento de su indefinida evolución, decidieron que la forma más sencilla de sobrevivir, era pegarse a la espalda de un tiburón.
En algún momento que aún no logro discernir, que no puedo odiar limpiamente, mi total indiferencia al mundo se transformó de golpe en una insana dependencia.
Y entonces me convertí en un pez.
Pegada a la gran manada, sin pertenecer a ella. Sabiendo que por mucho que intente ponerme ante ellos, hinchar el pecho para parecer más grande, nunca me aproximaré a su tamaño. Sabiendo que no importa lo que haga, porque siempre seré un pez entre tiburones. Sólo una carga a sus espaldas que, de vez en cuando, aparece para eliminar las sobras, para limpiar las asperezas.


Lo juro.
Juro que lo intento.
Que intento ser buena.

...Pero nunca es suficiente.

Porque los tiburones, sólo se preocupan de los tiburones.

sábado, 16 de junio de 2012

Declaración de intenciones.

No siempre digo la verdad, pero nunca miento.

No puedo jurar que me haya ocurrido nada. A veces incluso me cuesta asegurar que sigo con vida. Pero si puedo prometer haberlo sentido todo; haberlo vivido todo.
Aunque sean sensaciones robadas que hice mías, aunque no siempre pueda mostrar las cicatrices a flor de piel.

Para escribir necesito que las cosas salgan solas, a través de mi piel, desgarrándome poco a poco por dentro, para mostrar su duplicado indeleble.

Cuando escribo, nunca cuento mentiras, y apenas narro relatos. Lo único que sé enseñar es la verdad.
Y no hablo de una verdad absoluta, sino de mi verdad. Lo único que nadie me puede negar.

Pero a veces es muy difícil hacer confiar a alguien en una verdad que no es la suya. Qué mayor logro...
Porque supongo que eso es lo único que intento: haceros partícipes de mi verdad, para que ésta sea, quizás, un poco más auténtica. Para no sentir para nada.



Escribo siempre con esa certeza que crea la soledad. Porque nadie está nunca más seguro de sí mismo que cuando se sabe único héroe y víctima de su propia historia. Nadie se siente más que cuando está solo... a pesar de que esté rodeado de gente.





The white lies

A veces, sobre todo en esos días en los que al llegar por la noche a casa, atrapa mi mirada el brillo de centenares de estrellas, creo que sólo confundo el odio con miedo.

Porque no creo que, por mal que me trates, por mucho que sepa que ya no me quieres a tu lado por algún motivo que aún no alcanzo a comprender, y pese a que sepa que quizás nunca vuelvas a quererme, jamás podré odiarte.

Sé que cuando me enfado, es en realidad conmigo contra quien debería cargar. Que tú no tienes la culpa de nada. Que nadie elige lo que siente, nadie elige a quién quiere... Supongo que simplemente, no soy suficiente.

Suficientemente buena, suficientemente guapa. No sonrío lo suficiente, ni ayudo lo suficiente.

{Y ese "quizás", que son mis esperanzas infantiles, mi fe en que algún día vuelvas a abrazarme envuelto en sonrisas, y pueda enterrar mi cara en tu cuello y olvidarme de todo lo demás... Ese "quizás" es el que retumba en mi cabeza. El que por las noches, no me deja dormir}


Una vez un loco me dijo que para ser feliz, sólo tenía que ser yo misma...
...pero yo no sabía que ser feliz doliese tanto.

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