Primero vino la soledad, después, el miedo.
"No recuerdo haber sido la mejor amiga de nadie desde que acabé el colegio. Te prometo que ya me he acostumbrado".
Odio la apatía. Ya no poder sentir nada, aunque antes no sintiese nada bueno. Antes podía creer que podía ser feliz, ahora no, ya sólo despunta el odio. No tengo más ganas de luchar, no me interesa ser feliz. Ya me da igual vivir.
Sólo espero que acabe pronto.
Necesito creer que, tras la muerte, no queda nada.
domingo, 1 de diciembre de 2013
sábado, 23 de noviembre de 2013
Psy
Ojalá pudiese ir al psicólogo con alguien. Alguien en quien confiase, que fuese como oyente, sólo para obligarme a decir la verdad. Más o menos.
Me da mucho miedo ir al psicólogo.
Por si me dicen que tengo algo.
Por si me dicen que no, que soy perfectamente normal.
Que me digan que soy normal (sólo un poco exageradamente dramática, sólo un poco demasiado desagradable como para que nadie quiera estar a mi lado), significaría que no hay nada que curar.
Que no hay manera de arreglarme.
Igual así es como soy yo, y este es mi estado normal. Igual esto es lo que está bien.
Quizás todo el mundo sienta las cosas igual que yo, y simplemente sea demasiado débil.
Prefiero vivir pensando que he renunciado a la opción de arreglarme que vivir sabiendo que así es como van a ser siempre las cosas. Que voy a vivir y voy a sentir siempre así. Que no me espera nada más.
Pero ojalá no tuviese que vivir siempre con ganas de dejar de hacerlo.
Me da mucho miedo ir al psicólogo.
Por si me dicen que tengo algo.
Por si me dicen que no, que soy perfectamente normal.
Que me digan que soy normal (sólo un poco exageradamente dramática, sólo un poco demasiado desagradable como para que nadie quiera estar a mi lado), significaría que no hay nada que curar.
Que no hay manera de arreglarme.
Igual así es como soy yo, y este es mi estado normal. Igual esto es lo que está bien.
Quizás todo el mundo sienta las cosas igual que yo, y simplemente sea demasiado débil.
Prefiero vivir pensando que he renunciado a la opción de arreglarme que vivir sabiendo que así es como van a ser siempre las cosas. Que voy a vivir y voy a sentir siempre así. Que no me espera nada más.
Pero ojalá no tuviese que vivir siempre con ganas de dejar de hacerlo.
viernes, 22 de noviembre de 2013
Nota mental.
Porque quién iba a pensar que el deseo era del color verde del cielo;
que se escondía por las noches entre tus mantas,
por el día, en la curva de tu cintura.
Guárdate de los fantasmas que creen en el amor,
que te susurran y te atan las manos con mentiras a la espalda.
Aquí ya nadie es de verdad; y míranos, varaditas en este agujero.
Intentando seguir sin dejar de mirar nuestras propias pisadas.
No vuelvas a acercarte a un mago,
que son sólo ilusionistas a los que la profesión les viene ancha.
Quédate conmigo en el pozo, encerradas,
pero con las manos libres para fabricarnos las alas.
Que lo que yo quiero es que el cielo se nos quede pequeño
que los sueños no nos aten en corto.
No pueden esconder el mar,
no hay muros lo bastante altos.
Nadie ahí fuera merece ver este color.
Guárdalo y que sea sólo nuestro,
que sea lo que veamos cuando nos quedemos ciegas,
cuando nos acerquemos demasiado al sol.
Vamos a mandarlos a la mierda,
ya no bailaremos sus aguas,
no encenderemos su fuego ni daremos el viento para sus velas.
Que para saber que te quiero no necesito perderte.
Prefiero morir aquí contigo,
encerradas en el pozo,
soñando juntas que volamos por encima del cielo.
lunes, 28 de octubre de 2013
sábado, 19 de octubre de 2013
Como te mueras, te mato
Y yo que pensaba que el tiempo era eterno, que los principios y los finales no eran de verdad. ¿Existe un instante?
Que siempre he vivido sin saber ver más frontera que el viento que te empuja hacia el borde de los acantilados cuando te acercas demasiado. Así vivimos los idiotas, con la cabeza tres pasos por encima de las nubes cuando no traen lluvia.
Y hoy se me ha estropeado el bote de acuarela azul ultramarino.
A estas alturas, aún me cuesta acordarme de que tengo que olvidarte. De que te he mentido demasiado como para que sigas siendo real.
Y que sigo sin saber si tú te acuerdas de recordarme. Qué difícil es vivir sin telepatía, qué difícil cuando llevas a los pies atada la empatía, tirando siempre hacia el fondo, tan oscuro... ¿Quién quedará arriba, si consigo salir, para romper el hielo que se forma sobre mi cabeza? ¿Vendrás a romper el hielo violeta que nos separa?
Queríamos llegar a tocar el fondo azul del cielo, pero al parecer, tengo miedo a las alturas. Aunque prefiero caer que permanecer atada a esa nave que tira de mi hacia arriba. Por eso caigo. Una y otra vez.
¿Gritarás cuando veas mi cuerpo estrellarse contra el suelo?
Lo siento, no tenía el corazón preparado para la despresurización.
Que un día igual que hoy -quizás con más gente, quizás con menos nubes- una mujer de bata blanca me susurró que no me podía recetar maría.
La distancia a la felicidad, resumida en una nube de humo verde. ¿Y si soplo absenta, estaré a tu lado? Si sólo me basta una palabra para dejarlo todo y marcharme, sin maletas.
Como te mueras, te mato.
Pero luego pienso que cómo te voy a querer, si no te gustan los perros.
Ahora estoy estudiando, para fabricarme un corazón nuevo. Uno que no se rompa cuando aumente la diferencia de presión.Un corazón mecánico, que funcione siempre, que no se rompa...
... como el suyo.
Para caer sólo cuando caigas tú también.
¿Se me oxidará el corazón por respirar del mar, porque las lágrimas me caigan hacia adentro?
Quizás me pase la vida sudando agua con restos de metal; una pequeña partícula por cada grieta que intente abrirse paso a través de mi pecho, como ácido que cae desde el techo, cubriendo de negro la lámpara, goteando por todas partes. Ácido que corroe piel, carne y hueso, como una terrible tortura china; llenándome por dentro, desbordándose por mis costados.
Pero ya da igual, hace mucho que mis palabras carecen de línea de flote. Ahora se clavan como agujas en mi cuello, para intentar no morir ahogadas. Mientras esperan a que vengas a romper el hielo violeta. Mientras mi corazón de mentiras espera poder latir al ritmo del tuyo.
Que siempre he vivido sin saber ver más frontera que el viento que te empuja hacia el borde de los acantilados cuando te acercas demasiado. Así vivimos los idiotas, con la cabeza tres pasos por encima de las nubes cuando no traen lluvia.
Y hoy se me ha estropeado el bote de acuarela azul ultramarino.
A estas alturas, aún me cuesta acordarme de que tengo que olvidarte. De que te he mentido demasiado como para que sigas siendo real.
Y que sigo sin saber si tú te acuerdas de recordarme. Qué difícil es vivir sin telepatía, qué difícil cuando llevas a los pies atada la empatía, tirando siempre hacia el fondo, tan oscuro... ¿Quién quedará arriba, si consigo salir, para romper el hielo que se forma sobre mi cabeza? ¿Vendrás a romper el hielo violeta que nos separa?
Queríamos llegar a tocar el fondo azul del cielo, pero al parecer, tengo miedo a las alturas. Aunque prefiero caer que permanecer atada a esa nave que tira de mi hacia arriba. Por eso caigo. Una y otra vez.
¿Gritarás cuando veas mi cuerpo estrellarse contra el suelo?
Lo siento, no tenía el corazón preparado para la despresurización.
Que un día igual que hoy -quizás con más gente, quizás con menos nubes- una mujer de bata blanca me susurró que no me podía recetar maría.
La distancia a la felicidad, resumida en una nube de humo verde. ¿Y si soplo absenta, estaré a tu lado? Si sólo me basta una palabra para dejarlo todo y marcharme, sin maletas.
Como te mueras, te mato.
Pero luego pienso que cómo te voy a querer, si no te gustan los perros.
Ahora estoy estudiando, para fabricarme un corazón nuevo. Uno que no se rompa cuando aumente la diferencia de presión.Un corazón mecánico, que funcione siempre, que no se rompa...
... como el suyo.
Para caer sólo cuando caigas tú también.
¿Se me oxidará el corazón por respirar del mar, porque las lágrimas me caigan hacia adentro?
Quizás me pase la vida sudando agua con restos de metal; una pequeña partícula por cada grieta que intente abrirse paso a través de mi pecho, como ácido que cae desde el techo, cubriendo de negro la lámpara, goteando por todas partes. Ácido que corroe piel, carne y hueso, como una terrible tortura china; llenándome por dentro, desbordándose por mis costados.
Pero ya da igual, hace mucho que mis palabras carecen de línea de flote. Ahora se clavan como agujas en mi cuello, para intentar no morir ahogadas. Mientras esperan a que vengas a romper el hielo violeta. Mientras mi corazón de mentiras espera poder latir al ritmo del tuyo.
Subamos el volumen del miedo.
Que se alce sobre las nubes de absenta...
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