Y a mí, que nunca he sido de decir verdades...
Me gustaría volver a volverme loca. Que fuese como antes, cuando enterrábamos juntos la cordura bajo capas de alcohol y falsas depresiones. Armarnos con las más nobles armas que encontremos tiradas entre los portales, y ver cómo la gente se aparta a nuestro paso, mientras en nuestras casas intentan recordar cómo se llamaban aquellos hijos por los que debían preocuparse.
Tildar de hijas de puta a las estrellas, mientras tú entre carcajadas me agarras por el hombro. Me gustaría volver, renacer, sólo para gritarle al suelo que seguimos sobre él, igual de locos, igual de perfectos.
Pero ha pasado tanto tiempo... que ya dudo de si también la locura me ha abandonado.
¿Por qué nos fuimos? ¿Cómo nos perdimos?
Tirábamos los grandes ídolos de piedra, deseando ser los primeros en llegar a la luna, y jamás pensamos en subirnos a sus hombros para estar un paso más cerca del cielo.
Buscábamos las escaleras invisibles que llegaban a los sótanos donde descansaban las cosas muertas, y luchábamos por abrir puertas con susurros, antes de derribarlas a cabezazos.
Hasta que una puerta no se quiso abrir, y ya no supimos a dónde ir. Fuimos como olas que no conocían la dirección de la corriente, y tuvimos que huir del mar, escapar de los peces.
Quiero volver a reír hasta quedarme sin aliento, pegarnos hasta apenas poder movernos y entonces arrastrarnos, al encuentro de aquellos abrazos que eran la tempestad después de la calma. Tirarnos del pelo como cachorros, y tu boca buscando la mía. Ese mordisco en la lengua.
Quiero recordar qué se siente cuando dominas el mundo.
Chillar sin motivo, sin razón, porque la hemos perdido entre carcajadas y humo. Burlarnos del mundo, de todos los que nos miran sin comprender lo abrumador que es vivir.
Y de nuevo recordar que seguimos solos y sin alcanzar a la luna, llorar hasta inundar los parques y caer sobre nuestro propio barro, para contemplar en los charcos su reflejo. Darnos cuenta de que jamás estuvimos locos.
Y a mí, que nunca he sido de besos...
martes, 11 de diciembre de 2012
miércoles, 21 de noviembre de 2012
Una aguja y un dedal.
Perdí el hilo de mi vida
intentando seguir el tuyo.
Costurera, costurera
¿qué se te ha perdido?
"Una aguja y un dedal".
Pues da tres vueltas y lo encontrarás.
intentando seguir el tuyo.
Costurera, costurera
¿qué se te ha perdido?
"Una aguja y un dedal".
Pues da tres vueltas y lo encontrarás.
jueves, 15 de noviembre de 2012
Mermelade
Tienes la actitud, tienes el coraje.
El resto es sólo cuestión de práctica.
Se puede aprender a sonreír; a amar y a odiar.
A sobrevivir aún sabiendo que no lo mereces.
A vivir cargando en la conciencia con todo cuando has aprendido.
Se puede aprender a cambiarlo todo.
A huir y esconderse tan bien que nadie lograría volver a encontrarte jamás.
O a sacarlo todo y dar la cara. A rebelarse contra todo y contra todos.
Pero no dejes que nadie te haga creer jamás que se puede aprender, o se puede olvidar, el cómo ser uno mismo.
No dejes que nadie intente enseñarte la actitud.
El resto es sólo cuestión de práctica.
Se puede aprender a sonreír; a amar y a odiar.
A sobrevivir aún sabiendo que no lo mereces.
A vivir cargando en la conciencia con todo cuando has aprendido.
Se puede aprender a cambiarlo todo.
A huir y esconderse tan bien que nadie lograría volver a encontrarte jamás.
O a sacarlo todo y dar la cara. A rebelarse contra todo y contra todos.
Pero no dejes que nadie te haga creer jamás que se puede aprender, o se puede olvidar, el cómo ser uno mismo.
No dejes que nadie intente enseñarte la actitud.
domingo, 11 de noviembre de 2012
Believe me.
Y de nuevo tirados en el suelo,
dándote la mano,
porque el corazón ya lo tienes.
Escuchando alguna canción maravillosa
que hable de algo horrible,
de esa guerra que no es nuestra,
de esa guerra que buscamos.
Una guerra que nos elevará por encima del suelo,
para desafiar la barrera del sonido.
Tú
sueñas con el cielo.
Y ambos sabemos que tarde o temprano
me tocará llorar tu cadáver de pájaro.
Yo
sueño con el fuego
pero tú aún no sabes nada del dolor.
Sigamos durmiendo,
sigamos soñando,
sigamos escuchando cada noche
canciones de guerra
y canciones de amor.
Canciones de mentiras
que nunca superarán nuestra realidad.
dándote la mano,
porque el corazón ya lo tienes.
Escuchando alguna canción maravillosa
que hable de algo horrible,
de esa guerra que no es nuestra,
de esa guerra que buscamos.
Una guerra que nos elevará por encima del suelo,
para desafiar la barrera del sonido.
Tú
sueñas con el cielo.
Y ambos sabemos que tarde o temprano
me tocará llorar tu cadáver de pájaro.
Yo
sueño con el fuego
pero tú aún no sabes nada del dolor.
Sigamos durmiendo,
sigamos soñando,
sigamos escuchando cada noche
canciones de guerra
y canciones de amor.
Canciones de mentiras
que nunca superarán nuestra realidad.
Búscame bajo la espuma de las olas
y juguemos a asustar al mundo
desde más allá de las sombras que le impiden ver.
Ven.
domingo, 28 de octubre de 2012
Préterito quasipluscuamperfecto.
Ella.
Ella era perfecta. Y perfecta murió.
El tipo de personas que no se junta con la gente como yo. El tipo de persona que te hace entender por qué existen las sonrisas. Ella, era perfecta. Caminaba como si conociese el ritmo que mueve al mundo, con pequeños pasos de bailarina, que nunca se desacompasaba, que siempre sabía lo que venía después. La conocí el día en que el sol se olvidó de salir, cuando ambas buscábamos su brillo escondidas de la lluvia en soportales derruidos. Yo entrecerraba los ojos, mientras buscaba su luz para que me guiase; ella miraba al cielo, lo buscaba como quien mira a un viejo amigo enrabietado, con la paciencia que otorga el saber que pronto se le pasará. Y quizá sólo porque no brillaba el sol la conocí.
Ella era perfecta. Como la melodía de un piano bajo unos dedos guiados sólo por un alma. Era rock and roll y tequila. Una risa irrefrenable que haría renacer cualquier imperio caído. Ella, que nunca mentía, que nunca dejaba conocer la verdad. Que más allá de nuestros torpes pasos, me llevó a las esquinas donde el viento tarareaba canciones que hablaban de decadencia y dolor... Y que semanas después me enseño cómo había hecho al aire recuperar la esperanza.
Era fuego líquido, un desierto de hielo, una fe innegable, una brisa pegada a mis huesos. Era todo eso y era mucho más. Era todo. Para mí. Pluscuamperfecta.
Ella era perfecta. Y perfecta murió.
El tipo de personas que no se junta con la gente como yo. El tipo de persona que te hace entender por qué existen las sonrisas. Ella, era perfecta. Caminaba como si conociese el ritmo que mueve al mundo, con pequeños pasos de bailarina, que nunca se desacompasaba, que siempre sabía lo que venía después. La conocí el día en que el sol se olvidó de salir, cuando ambas buscábamos su brillo escondidas de la lluvia en soportales derruidos. Yo entrecerraba los ojos, mientras buscaba su luz para que me guiase; ella miraba al cielo, lo buscaba como quien mira a un viejo amigo enrabietado, con la paciencia que otorga el saber que pronto se le pasará. Y quizá sólo porque no brillaba el sol la conocí.
Ella era perfecta. Como la melodía de un piano bajo unos dedos guiados sólo por un alma. Era rock and roll y tequila. Una risa irrefrenable que haría renacer cualquier imperio caído. Ella, que nunca mentía, que nunca dejaba conocer la verdad. Que más allá de nuestros torpes pasos, me llevó a las esquinas donde el viento tarareaba canciones que hablaban de decadencia y dolor... Y que semanas después me enseño cómo había hecho al aire recuperar la esperanza.
Era fuego líquido, un desierto de hielo, una fe innegable, una brisa pegada a mis huesos. Era todo eso y era mucho más. Era todo. Para mí. Pluscuamperfecta.
Aún me pregunto si fui yo quien cambió las cosas.
¿Tan importante sería, como para transformar su melodía? La música de la chica perfecta...
Quizá fui yo quien rompió su compás, como si tras un solo de piano entrase una pandereta en escena.
O puede que el mundo no entienda de perfecciones.
Quizá todo sea en realidad así de cruel.
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