domingo, 11 de noviembre de 2012

Believe me.

Y de nuevo tirados en el suelo,
dándote la mano,
porque el corazón ya lo tienes.

Escuchando alguna canción maravillosa
que hable de algo horrible,
de esa guerra que no es nuestra,
de esa guerra que buscamos.
Una guerra que nos elevará por encima del suelo,
para desafiar la barrera del sonido.


sueñas con el cielo.
Y ambos sabemos que tarde o temprano
me tocará llorar tu cadáver de pájaro.

Yo
sueño con el fuego
pero tú aún no sabes nada del dolor.



Sigamos durmiendo,
sigamos soñando,
sigamos escuchando cada noche
canciones de guerra
y canciones de amor.

Canciones de mentiras
que nunca superarán nuestra realidad.


Búscame bajo la espuma de las olas
y juguemos a asustar al mundo
desde más allá de las sombras que le impiden ver.

Ven.

domingo, 28 de octubre de 2012

Préterito quasipluscuamperfecto.

Ella.
Ella era perfecta. Y perfecta murió.

El tipo de personas que no se junta con la gente como yo. El tipo de persona que te hace entender por qué existen las sonrisas. Ella, era perfecta. Caminaba como si conociese el ritmo que mueve al mundo, con pequeños pasos de bailarina, que nunca se desacompasaba, que siempre sabía lo que venía después. La conocí el día en que el sol se olvidó de salir, cuando ambas buscábamos su brillo escondidas de la lluvia en soportales derruidos. Yo entrecerraba los ojos, mientras buscaba su luz para que me guiase; ella miraba al cielo, lo buscaba como quien mira a un viejo amigo enrabietado, con la paciencia que otorga el saber que pronto se le pasará. Y quizá sólo porque no brillaba el sol la conocí.

Ella era perfecta. Como la melodía de un piano bajo unos dedos guiados sólo por un alma. Era rock and roll y tequila. Una risa irrefrenable que haría renacer cualquier imperio caído. Ella, que nunca mentía, que nunca dejaba conocer la verdad. Que más allá de nuestros torpes pasos, me llevó a las esquinas donde el viento tarareaba canciones que hablaban de decadencia y dolor... Y que semanas después me enseño cómo había hecho al aire recuperar la esperanza.

Era fuego líquido, un desierto de hielo, una fe innegable, una brisa pegada a mis huesos. Era todo eso y era mucho más. Era todo. Para mí. Pluscuamperfecta.


Aún me pregunto si fui yo quien cambió las cosas. 
¿Tan importante sería, como para transformar su melodía? La música de la chica perfecta...
Quizá fui yo quien rompió su compás, como si tras un solo de piano entrase una pandereta en escena.

O puede que el mundo no entienda de perfecciones.
Quizá todo sea en realidad así de cruel.



domingo, 23 de septiembre de 2012

Can you try?

Quizás sea demasiado suponer que sólo por no estar muertos, estamos vivos.

...Yo sólo quería poder soñarlo; ni siquiera tenía que vivirlo. Pero el mundo no funciona así.
Olvidar las sonrisas y pintarse la cara con mentiras. Dejar de confiar.
Sobrevivir.

Supongo que parece más sencillo de lo que es.

jueves, 9 de agosto de 2012

¿Fumas?


Ella se sienta ante el cielo rojizo. Abre el paquete de cigarrillos y hace con el plástico transparente una bola que va a parar al suelo, casi rozando la papelera. Saca un cigarrillo y lo enciende, como ha visto hacer mil veces. Tose una vez. Dos.
«Tampoco es tan difícil».
Espira con fuerza hasta que todo el humo ha salido de su cuerpo. Aspira de nuevo a través del cigarrillo y vuelve a toser; esta vez deja al humo salir lentamente, mientras su brazo, apoyado en las rodillas, adquiere la pose de cansancio de quien ha llevado un peso a la espalda durante mucho tiempo, con la única recompensa de un tenso dolor entre los riñones.
Dos caladas después, el chico sin sombra aparece a su lado.
‒ Pensaba que no fumabas.
‒ No fumo ‒, afirma ella mientras el humo pálido se escapa entre sus labios.
Él se sienta a su lado. Muy cerca. Muy lejos.
‒ ¿Va todo bien?
‒ ¿Sabes? En realidad me gusta tener que venir a clase de nuevo. Es como volver a casa después de mucho tiempo.
Una sonrisa sin sombra que sólo ve de reojo.
Ella le tiende el cigarro, ofreciéndoselo, esperando sólo a que él lo rechace, y cuando lo hace, tira el resto –el cigarrillo apenas estrenado‒ a la acera ante ellos.
‒ Odio el tabaco ‒, dice entre dientes mientras se ensaña en aplastarlo. No es necesario: ambos lo saben.
‒ Vamos a casa ‒, sonríe el chico sin sombra.
Y ella le sigue de nuevo a clase, olvidando sobre la acera un paquete de tabaco apenas abierto.

El chico sin sombra se sienta a su lado. Raro. Por gestos le pide que le deje su antebrazo para escribir algo, y eso lo explica todo.
Ella asiente con la cabeza y le pide el antebrazo a él:
«GRACIAS».
A su derecha, el chico de fuego, el que sí tiene sombra, observa la escena extrañado. Raro.  Y mientras comienza la clase, le pide ver su antebrazo.
‒ ¿Su número de teléfono?
Ella asiente con la cabeza, sin evitar levantar una ceja como muestra de lo obvio de la respuesta.
‒ Creía que ya lo tenías.
Y ella aparta al fin la mirada del profesor, para dirigirla a su derecha.
‒ Por supuesto que lo tenía ‒, aparta la mirada.
Obvio.


viernes, 6 de julio de 2012

Feedback

Simbiosis, pensaba.
Pero no. Soy más como uno de esos peces que en algún momento de su indefinida evolución, decidieron que la forma más sencilla de sobrevivir, era pegarse a la espalda de un tiburón.
En algún momento que aún no logro discernir, que no puedo odiar limpiamente, mi total indiferencia al mundo se transformó de golpe en una insana dependencia.
Y entonces me convertí en un pez.
Pegada a la gran manada, sin pertenecer a ella. Sabiendo que por mucho que intente ponerme ante ellos, hinchar el pecho para parecer más grande, nunca me aproximaré a su tamaño. Sabiendo que no importa lo que haga, porque siempre seré un pez entre tiburones. Sólo una carga a sus espaldas que, de vez en cuando, aparece para eliminar las sobras, para limpiar las asperezas.


Lo juro.
Juro que lo intento.
Que intento ser buena.

...Pero nunca es suficiente.

Porque los tiburones, sólo se preocupan de los tiburones.