A veces la felicidad la trae el viento...
La primera vez que la vi, arrastraba, a deshora, su sonrisa por un callejón de extrarradio.
...pero otras veces, hay que arrancársela a la vida a dentelladas.
Toda una dama de los soportales, me dijeron. Una niña con la que sólo un idiota querría jugar. Y por lo que me contaron, la ciudad estaba llena de idiotas.
No sé qué fue lo que vi la primera vez que te vi. Nada bueno, supongo. Para entonces ya había olvidado que puede haber gente buena.
Me tildaron de descreído e insensato. Pero supongo que en el fondo, siempre fui sólo un idiota más.
Sólo sé que poco después de ti, siguiendo tus revueltos pasos, llegaron las tardes interminables, los abrazos y las sonrisas que, sin tú saberlo, me robabas.
Para mí eras la reina de todo cuanto yo ansiaba conocer. El tipo de mujer que cuanto más abajo te arrastra, más logra brillar. La princesa que rompía la tranquilidad bajo las ventanas.
Y yo sólo era una bala perdida que, a su paso, dejaba un reguero de la sangre de quienes se tropezaban conmigo. Y cuanto más profundo era el tropiezo, más sangraban las heridas.
Pero no podía perderte. Te ansiaba, te necesitaba.
Quería tocarte, pero no podía. Porque si te tocaba, tarde o temprano, la bala se dispararía de nuevo, y era seguro que alguien saldría herido.
Aprendí a bailar tu vals, me dejé guiar por tus pasos y, con el tiempo, encontré una brecha de sinceridad bajo capas de rímel y vestidos ajustados.
A esas alturas ya conocía todas las salas de urgencias de los corazones ebrios. Y me negaba a dejar que un sentimiento de mentiras guiase tu latir.
Te seguí a deshora y con deshonra hasta el fin de la noche que, descubrí, se ocultaba entre tus labios. Que brillaba con tu luz.
Trajiste a mi mundo la luz que me hizo ver a mi alrededor un fuego incendiario. Aquel deseo desesperado de no volver a sentir.
Encontré en tu piel las joyas que como princesa prometías, y las tímidas promesas que hacías como mujer. Y aún más lejos, encontré tus abrazos agitados; tus silencios de niña rota.
Intenté escapar de todo, mientras en silencio tú me atabas a tu mirada con lazos invisibles.
Pero también encontré el secreto de tu melodía silenciosa, que aún cuando estabas a mi lado, te alejaba de mí.
No sé cómo, aprendiste a quererme. De alguna forma que aún no comprendo, lograste ver más allá de mi reflejo en el espejo desgastado que solía vestir.
Quizás fue una estupidez intentar escucharla. Era sólo tu canción.
Y, por algún motivo, no me importó. Rompiste mi coraza y mis murallas, y jamás me importó... Porque las habías roto tú.
Era aquella, la de la libertad, tu melodía.
Hasta aquel punto de no retorno, que trajo consigo la consciencia, de que debía alejarte de mí.
La que nos llevó a ganarle la batalla al miedo...
Aquel día en el que, al volverme a ver, no supiste sonreír.
...La que hace que, aunque te fueses, aún sigas siendo un poco mía.
lunes, 14 de mayo de 2012
domingo, 13 de mayo de 2012
Little wet tears
Intento no ser feliz.
Aunque las voces sobre mis hombros me miren exclamadas. Los "¡Está loca!" y los "¿Por qué le gusta sufrir?" se mezclan como murmullos disonantes en mis oídos al mismo ritmo al que los dejo atrás.
Intento no ser feliz, porque sé que tarde o temprano, tú desaparecerás.
Sé que, más temprano que tarde, te cansarás de mí, te aburriré. Y no hace falta que lo niegues, tal y como lo negaron todos cuantos vinieron antes que tú... todos cuantos se acabaron cansando y se marcharon.
Eres todo lo que ahora necesitaba. Un pequeño sueño que ni siquiera me había atrevido a soñar... Y mi cuerpo me pide a gritos dejarme llevar, vivirlo todo y sentirlo todo y, para bien o para mal, que sea contigo.
Pero siempre está esa voz... La voz que no grita, que susurra. La voz que ya lo vivió todo, a la que se le acabaron las lágrimas. La voz amarilla...
Que me habla del miedo y el dolor. Que me pregunta, constantemente, en qué me convertiré, a qué quedaré reducida, cuando tú veas quién soy.
...A la que nunca sé contestar.
¿Qué pasará? Cuando toda la felicidad que crees que escondo desaparezca... Cuando la niebla se disipe y consigas ver mi verdadero aspecto. ¿Acaso tú lo has cambiado tanto? Supongo que no. Supongo que sólo verás al monstruo que siempre fui. Y entonces te marcharás, tan rápido como puedas, e intentando no hacer ruido. Porque nadie quiere que un monstruo pueda ver su alma...
¿Y qué me quedará a mi?
Volveré a la niebla, vagando, sin un lugar al que ir. Desmontándome en pedazos por las esquinas. Tal y como hacía antes de que tú aparecieses para guiarme.
Porque a pesar de todo, soy una idiota que se robó a sí misma la posibilidad de elegir. Soy una idiota que no sabe no intentar ser feliz.
domingo, 6 de mayo de 2012
Con un poco de suerte...
¿Que si duele?
Claro que duele. Duele más de lo que puedas imaginar. Duele más de lo que yo nunca pensé que dolería.
Duele hasta cortarte el aliento; hasta desear que se te corte. De una vez y para siempre. Para poder morir en silencio... del mismo modo en que sientes que vives.
Hace que sólo quieras correr hasta el límite del mundo y seguir hacia delante. Quizás para huir de los recuerdos que se clavan en tu cabeza como clavos candentes, o quizás sólo para dejar atrás las lágrimas. Y a la vez hace que todo lo que puedas hacer sea acurrucarte en un rincón, rodeado del olor de lo que ya no es, del olor que te ahoga.
Quizás, ir al mar, donde las lágrimas no se distingan sobre tu rostro. Y quizás, con un poco de suerte, morir cuando el agua llegue a tu alma a través de tus pulmones. Con un poco de suerte...
¿Duele?
Sí, duele.
Duele más de lo que nadie pensaría que puede soportar...
Y a pesar de todo, merece la pena.
Claro que duele. Duele más de lo que puedas imaginar. Duele más de lo que yo nunca pensé que dolería.
Duele hasta cortarte el aliento; hasta desear que se te corte. De una vez y para siempre. Para poder morir en silencio... del mismo modo en que sientes que vives.
Hace que sólo quieras correr hasta el límite del mundo y seguir hacia delante. Quizás para huir de los recuerdos que se clavan en tu cabeza como clavos candentes, o quizás sólo para dejar atrás las lágrimas. Y a la vez hace que todo lo que puedas hacer sea acurrucarte en un rincón, rodeado del olor de lo que ya no es, del olor que te ahoga.
Quizás, ir al mar, donde las lágrimas no se distingan sobre tu rostro. Y quizás, con un poco de suerte, morir cuando el agua llegue a tu alma a través de tus pulmones. Con un poco de suerte...
¿Duele?
Sí, duele.
Duele más de lo que nadie pensaría que puede soportar...
Y a pesar de todo, merece la pena.
martes, 3 de abril de 2012
domingo, 11 de marzo de 2012
La verdad sobre las mentiras.
Hace unos días, alguien llamó a mi puerta a deshora. Tras abrir sobresaltada, se presentó bajo el seudónimo de "Olvido"; y lo primero que salió de sus labios, fue una disculpa.
Él me habló de todas las cosas que yo creía que ya sabía. Me habló de aquellos que se habían ido y me prohibió volver a llorar. Tomándose demasiadas confianzas, me enseñó entre abrazos a volver a querer a quienes me dejaron atrás. Y poco antes de irse me habló en susurros, bajo una sonrisa, de todos los que vendrán.
He comprendido que no puedo dejar que quienes fueron mi "antes" se conviertan también en un "después", pero también, que el odio es sólo amor incomprendido, y los recuerdos, los únicos que pueden curarlo.
He aprendido que la vida se canjea en sonrisas, aunque no todas valgan igual. Que no merece la pena dormirse abrazada al recuerdo de un sentimiento que no es mío, por mucho que un día lo fuese. Que las ideas bañadas por la luz de la luna son bonitas, pero no dejan de ser una droga, una droga que te emborracha y te hace olvidar las consecuencias.
He comprendido que yo fui la única culpable. Que nadie me obligó a alimentar la esperanza, que fui yo sola quien la desgastó. Que sólo yo decidí perder mi tiempo buscando a la luz de estrellas apagadas, en lugar de intentar hallar el brillo del sol.
Que no se puede perder lo que nunca se ha tenido.
...Debería ser un poco más inteligente si quiero seguir siendo una idiota.
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