lunes, 18 de octubre de 2010

Sólo un poco :)

Hoy... quiero una vida nueva~
Que esta ya tiene las esquinas gastadas.


Y es que hay veces que me gustaría cambiarlo todo.
Como tú dices, hacer una hoguera ^^
Mandarlo todo un poco a la mierda...
Pero sólo un poco.

Sin embargo, sería tristemente sencillo, ¿no crees?
Como si una ola viniese hacia mí
(no una ola de agua... sino una ola de todo lo que no lo es ^-^)
Y yo simplemente cerrase los ojos
deseando que la resaca no me lleve tan adentro...
tan lejos.
Nunca me gustó rendirme, qué le voy a hacer.
Después de todo es solo un reto; un pasito más...
la diferencia es que ahora no veo el suelo al otro lado.
Es un escalón invisible. Pero se esconda o no, sé que está ahí.


Me gustaría encontrar un sitio a medio camino del cielo
donde poder olvidar los cachitos de vida
disonantes

sábado, 16 de octubre de 2010

Don't even...

Fue... extraño. Sí, esa era la palabra: extraño.
Como un sueño demasiado tangible para ser sólo imaginado, de ésos que cuando pasa el tiempo, se confunden con los hechos; o como una realidad demasiado densa para existir.

Ya ni siquiera lo recordaba con detalle ¿había sonreído? ¿Cuánto tiempo había permanecido allí, perdida en medio de nada?... A veces aún pensaba que había sido fruto de un juego de su imaginación.
Apenas recordaba el rostro que había dado la vuelta a su mundo, pero sí recordaba el lugar. El lugar donde se olvidó de que todo había acabado, y la vida cambió de nuevo para ella.

Solía imaginar que el destino, cuando la vio detenerse en aquella calle en medio de la gente, se había reído de nuevo de ella. Con una risa maliciosa pero discreta; como un gato de Cheshire, con la risa de las cosas que no deben reírse.
Y sin embargo, durante años, había regresado una y otra vez a aquel lugar. Y apoyada en un muro de piedra pasaba horas, que parecían días, mirando a la gente pasar, con la vaga esperanza de encontrar su mirada oscura entre las demás... o de encontrar el cachito de sí misma que se había caído al volver a verlo aquella tarde.

Entonces el cielo reflejaba el color dorado de las hojas que caían, y el viento revolvía su pelo una y otra vez. Seguramente fueran aquellos detalles sencillos los que la hacían sonreír, aunque caminase sola. Quizás fue su inusitada sonrisa otoñal lo que hizo que él la mirase.
Y de repente, todo se detuvo. Y todo eran sus ojos; gris oscuro, casi negro, que hicieron oscurecerse al atardecer.

¿Cómo había llegado él allí? Desapareció hacía años.
Su corazón latía acelerado.
¡No! Aquello no estaba bien. Él no podía estar allí… tenía que haberse marchado. No podía estar viéndolo. No podía seguir queriéndolo.

El tiempo perdió su rumbo, y se encaminó hacia el infinito junto con sus pensamientos; todo se detuvo, ya no soplaba el viento, nada se movía. Por un momento tuvo miedo de que nunca llegase a anochecer.
Hasta que una risa lejana llegó a sus oídos. La escuchaba distorsionada, como si estuviese bajo el agua, y casi creía que había desaparecido… cuando chocó contra sus piernas.
La niña la miraba desde abajo, con cara de traviesa culpabilidad. Ella sonrió, no pasaba nada.
Y para su asombro, la niña echó a correr. Un instante después apareció un niño persiguiéndola, apenas unos centímetros más alto que ella. Los dos reían, ajenos al resto del mundo, esquivando a la gente que permanecía inmóvil en mitad de la calle, y él sólo le dedicó una mirada fugaz… gris oscura, casi negra.

Su corazón dio un vuelco al ver esos ojos, y su mirada corrió a buscar a aquellos que la habían mirado antes. Pero sólo encontró al tiempo, que de nuevo marchaba a su ritmo normal. El cielo volvía a ser dorado, y cada vez faltaba menos para la noche; la gente volvía a moverse, con el viento jugueteando con sus cabellos, pero eso a ella le daba igual.

Él había vuelto a desaparecer… en la misma dirección en que se perdieron las risas de aquellos niños.


Abrazos que son besos xD
PD: Menos a María, que se mete con ellos =)

jueves, 14 de octubre de 2010

Writhe

Llovía. Llovía a mares.
Por los lados de la carretera descendía el agua en inmensos torrentes, y la tormenta no parecía tener intención de arreciar.
Sin embargo, pidió al taxista que parase dos manzanas antes de llegar a casa, y le pagó en billetes pequeños, atados con un lazo rojo. Cuando se los dio, su sonrisa arañaba el infinito.
La lluvia la iba empapando, de dentro hacia fuera. No importaba; caminaba despacio, arrastrando un paraguas cerrado que cada vez pesaba más.
Se detuvo ante la puerta blanca: un río se cruzaba en su camino. Miró apenada a sus zapatos, sus flamantes tacones del color verde del mar. Los cogió con toda la delicadeza del mundo, no quería estropearlos... y los lanzó tan lejos como pudo. Que los estropease otro.
Se adentró en el río de agua oscura. Metió los pies, uno tras otro, con premeditada lentitud. Y dejó que las medias absorbiesen el líquido, sintiéndolo ascender por sus piernas, cada vez más.
Pero de repente, el río se secó. Sólo quedaba ella, mirando de frente a la puerta blanca. Y la tormenta.
Se quitó la chaqueta y dejó el pelo empapado caer sobre sus hombros, serpentear por su espalda, hacerla cosquillas... No quería entrar.
Dentro todo estaba seco, y el aire estaba tibio, como si fuese a empezar de nuevo el verano... pero ya casi era invierno. Y en invierno por las noches, no hacía calor.
Se miró a sí misma: descalza y empapada, con los rizos de su pelo perdidos entre una maraña de recuerdos desgastados... y un vestido color verde mar.
Y en su cabeza, sólo el eco de las gotas al caer sobre la acera.
Hasta que llegó la voz:
-¿Eres tú? ¿Ya has llegado? ¡Por fin! Creí que te habría...
Un golpe seco.
Y pasos corriendo escaleras abajo, que se detuvieron de repente.
Bajo el vestido del color verde del mar, ella yacía en el suelo, en medio del recibidor.
En su mano derecha, un paraguas cerrado, lleno de agua.
En la izquierda, llevaba miguitas de olvido, que había tirado por el camino... pero los pájaros se las habían comido, y la lluvia había borrado sus huellas.
A su alrededor, un mar oscuro invadía la moqueta.
Estaba empapada.
Y sonreía, aún con los ojos cerrados.
Pero también lloraba...

...o tal vez no. Tal vez sólo fuese la lluvia.



Abrazos saladitos :)

miércoles, 13 de octubre de 2010

Trust

Siempre he admirado a los esqueletos...

por esa forma tan natural
que tienen de sonreír

...aunque en realidad estén muertos.



Abrazos fugaces ^-^

miércoles, 6 de octubre de 2010

¡Chof!

Lúa adoraba nadar en el mar, desde que era pequeña. Dejarse llevar por las olas, perseguir a aquellos pequeños peces que siempre se le escapaban entre los dedos en el último momento.
Cuando salía del agua se sentía extraña; casi no sabía cómo andar con sus propios pies.
En realidad, habría deseado no tener que andar, poder quedarse a vivir en el mar para siempre, hasta que le saliesen branquias y lentamente -al menos así creía que ocurriría- una bonita cola de sirena. Y nunca tendría que volver a andar.
Pero había una cosa que deseaba aún más que poder nadar eternamente: poder volar.
Lúa era una niña que quería volar sin alas.
La primera vez que subió a un avión, casi no se tenía en sí por la emoción ¡aquello era increíble! ojalá pudiese hacerlo cada día.
Pero no podía. Porque sólo era una niña; y las niñas no pueden pilotar aviones.
Entonces lo tuvo claro: había otra forma de volar. Subiendo alto, muy alto.
Y subió tan alto que las nubes se tragaron el suelo.
Y a su espalda se abrieron las alas que nunca había visto, pero que sabía que estaban allí ¡porque tenían que estar!
Saltó del rascacielos sin pensarlo ni un segundo más.
El viento en su cara, fresco, casi haciéndola llorar. Aquella sensación de vértigo, de velocidad infinita.
Por primera vez, Lúa se sintió libre, se sentía una más con el Universo. Aquel era su lugar.
Y a medio camino entre el cielo y la tierra, abrió sus brillantes alas y se dejó llevar por el viento.
Ya nada podría detenerla.

...La enterraron al día siguiente, a las cuatro de la tarde.
Al parecer, el suelo sí fue capaz de detenerla
¿Quién sabe dónde habría llegado si no?

A sus padres les apenó su muerte sobremanera.
Porque había muerto su hija, su pequeña Lúa...
Y porque tuvieron que comprar un ataúd enorme para poder guardar sus alas.


Abrazos supercalifragilísticos ^^